(¿Y qué versión de los demás aparece cuando están conmigo?)
Hay preguntas que parecen bastante simples pero que, cuando uno se queda un rato con ellas, empiezan a hacerse más grandes. Esta semana me quedé pensando en una:
¿Qué saca lo mejor de mí?
Y no me refiero a “¿en qué soy bueno?”, “¿cuáles son mis fortalezas?” o “¿qué debería mejorar?”.
Es otra cosa. ¿Qué personas, lugares, conversaciones, hábitos y contextos hacen que aparezca una versión mía que me gusta más? Quizás más curiosa. Más generosa. Más presente. Más valiente. Más creativa. Más dispuesta a aprender. Más yo.
La pregunta me apareció después de leer una nota de Martina Rúa sobre una idea de Angela Duckworth, psicóloga y autora que acaba de publicar “Situated: Find the People and Places That Bring Out Your Best”.
La idea, muy resumida, es bastante simple y al mismo tiempo provocadora: no todo depende de nuestra fuerza de voluntad. El contexto también importa. Y mucho. Duckworth habla de cuatro elementos sobre los que, al menos en parte, podemos intervenir: nuestro espacio, nuestros pares, nuestros mentores y la cultura de la que elegimos formar parte.
Me hizo pensar porque solemos abordar nuestro desarrollo casi siempre desde adentro:
- Tengo que ser más disciplinado.
- Tengo que organizarme mejor.
- Tengo que aprender esto.
- Tengo que cambiar aquello.
- Tengo que esforzarme un poco más.
Y seguramente muchas veces sea así. Pero quizás haya otra pregunta que hacemos bastante menos:
¿Estoy construyendo alrededor mío las condiciones que ayudan a que aparezca lo mejor de mí?
Porque no somos exactamente iguales en todos lados ni con todas las personas. Hay personas después de las cuales salimos con energía y ganas de hacer cosas. Otras nos hacen pensar mejor. Algunas nos desafían. Otras nos dan confianza.
Hay espacios en los que nos concentramos casi sin esfuerzo y otros donde nos distraemos permanentemente. Grupos donde nos animamos a decir lo que pensamos y otros donde preferimos callarnos.
Y hay personas que, de alguna manera difícil de explicar, nos agrandan. Nos expanden.
Probablemente nosotros también hagamos eso —o no— con otros.
Y esto me llevó a pensar que lo que saca lo mejor de nosotros probablemente sea una combinación entre lo que nos rodea y lo que elegimos hacer con eso. Importan las personas, los vínculos y los contextos que elegimos, pero también tener cierta claridad sobre qué valoramos y quién queremos ser dentro de esas circunstancias.
Entonces quizás haya dos acciones posibles:
- Diseñar un poco mejor lo que nos rodea.
- Y ser un poco más intencionales respecto de quién queremos ser dentro de eso.
Y acá la reflexión se me fue inevitablemente al liderazgo de cada uno de nosotros. Porque si aceptamos que las personas y los contextos pueden hacer aparecer diferentes versiones de nosotros, surge una pregunta que nos interpela:
¿Qué versión de los demás aparece cuando están conmigo?
Como líderes o referentes también somos parte de la “situación” de otras personas. Lo somos con el tono con el que hacemos una pregunta. Con cómo reaccionamos cuando alguien se equivoca. Con cuánto escuchamos. Con el espacio que dejamos para disentir, probar y aprender. Con aquello que reconocemos. Y también con aquello que repetimos hasta que termina convirtiéndose en cultura.
Porque muchas veces lo que alguien necesita para dar lo mejor de sí no es que le digan exactamente qué hacer, sino sentir que tiene el espacio, la confianza y la libertad para contribuir de verdad.
Y ahí apareció para mí quizás la idea más potente de toda esta reflexión:
Liderar no es solamente pedir lo mejor de las personas.
También es ayudar a crear las condiciones para que eso pueda aparecer.
Lo mismo, creo, vale para nosotros mismos (¡y para la vida!).
Esto no significa que podamos diseñar todo lo que nos pasa. Hay circunstancias y realidades que simplemente no dependen de nosotros. Pero incluso dentro de esos límites, muchas veces queda algún espacio de elección: una conversación que podemos buscar, una persona a la que podemos acercarnos, un hábito que podemos cambiar o un entorno que podemos ajustar.
Quizás de eso se trate también: no de controlar el contexto, sino de reconocer qué parte de él todavía podemos cambiar. Y quizás no haga falta empezar por algo enorme.
Siguiendo la propuesta de Angela Duckworth podemos probar con cuatro preguntas:
- Mi espacio: ¿Qué podría cambiar para facilitar algo que quiero hacer más?
- Mis vínculos: ¿Con quién debería pasar más tiempo porque siento que saca algo bueno de mí?
- Mis referentes: ¿De quién quiero aprender más activamente?
- Mi cultura: ¿Qué comportamiento o forma de relacionarnos quisiera reforzar en los lugares de los que formo parte?
No hace falta contestar las cuatro. Quizás alcance con encontrar una cosa para mover. Porque tal vez desarrollarnos no sea siempre agregar algo nuevo dentro nuestro. A veces también puede ser diseñar un poco mejor nuestro propio contexto.
Una reflexión personal que les comparto en voz alta.
Que tengan un gran viernes!
Sergio. |X|
Recursos para seguir pensando
Libro: “Situated – Find the People and Places that bring out your best”
(Angela Duckworth)
Video: ¿Qué resulta ser una buena vida?
¿Qué resulta ser una buena vida? Lecciones del estudio más largo sobre la felicidad (Robert Waldinger)
Video – [12 minutos]
Después de pensar qué personas ponemos cerca, Waldinger obliga a preguntarnos qué calidad tienen esos vínculos.
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